El proceso de enseñanza-aprendizaje no es una tarea concreta en la que podamos obtener resultados inmediatos, sino un conjunto de actos que tendrán consecuencias a medio-largo plazo.
La educación de nuestros hijos es uno de los temas que más nos preocupan y buscamos desesperadamente la manera de actuar ante cientos de situaciones a las que nos enfrentamos diariamente. No es fácil compartir nuestros problemas familiares porque vivimos en una sociedad en la que si expresas tus dificultades, fracasos o adversidades, puedes encontrar a gente que termina de sepultarte emocionalmente. Es por ello, que tendemos a buscar asesoramiento en la web. Es económico, discreto y rápido.
Y bien, si has pinchado en este artículo es porque te sientes identificado/a con lo que acabas de leer. Por eso, voy a darte unas pautas básicas que podrás seguir en caso de encontrarte con las temidas RABIETAS:
- Mantén la calma. Respira hondo. No es fácil, pero tampoco imposible. Si tú no consigues relajarte, tu hijo/a tampoco lo hará.
- Procura dejarle sólo hasta que se encuentre más calmado. Tampoco es fácil. Es más, serán unos minutos insoportables que parecerán no acabar nunca.
- Asegúrate de que no tenga peligros alrededor, como objetos con los que pueda autolesionarse o una puerta abierta por la que pueda salir corriendo y caer por una escalera. Esto es muy importante.
- Unos cabezazos contra la pared o contra el suelo sólo servirán para darse cuenta de que su comportamiento no es muy práctico. Procura ignorarlo siempre echando un ojo sin que se dé cuenta para tenerlo vigilado.
- No respondas a sus provocaciones ni sientas lástima.
- Si se acerca para pegarte no se la devuelvas. En este punto, he de decir que nadie es perfecto y que si en un momento dado reaccionamos devolviendo el cachete no debemos sentirnos culpables, somos humanos con instinto y reacción. No hay que pegar porque ellos lo aprenden y lo ven aceptable si tú lo haces, pero si sucede de manera aislada no sirve para nada la culpabilidad. Además, si ellos la perciben e intentas compensarles, ellos tomarán el control.
- Cuando estén más calmados, aunque sigan llorando, debemos acercarnos y abrazarles. Poco a poco cuando vaya remitiendo el sofoco, intentaremos hablar con ellos. Hacerles ver que le comprendemos, pero que esa no es la manera y que a veces no se pueden hacer las cosas aunque nos encantaría hacerlas. Les propondremos alternativas positivas que les hagan sentir bien.
- Ten paciencia, infinita paciencia. Como he explicado antes, no verás rápidos resultados.
- Confía en ti y que nunca te vean débil. Los niños perciben las emociones y sabrán utilizarlas en tu contra.
La clave está en la mezcla de amor, paciencia y diálogo. Las rabietas irán remitiendo con los meses. El punto álgido se encuentra entre los 2 y los 4 años. Intentarán a toda costa salirse con la suya. Debemos ser comprensivos porque ellos no entienden el "Ahora no, luego", "Eso no se puede"... Con mucho diálogo irán comprendiendo poco a poco lo que queremos decirles, cuando sean lo suficientemente maduros para asimilarlo. Por eso, es importante ser constantes en la disciplina, aunque a veces parezca que no sirve para nada, la enseñanza nunca cae en saco roto. Es como ponerse a ver crecer una planta día y noche. Crecen tan lento que sólo se percibe con tiempo, cuidado y paciencia.
Clara Ortega
Maestra de Audición y Lenguaje